Estaba yo en primer grado de primaria cuando llegué a casa un día con un dibujo que había hecho en la clase de lenguaje. El dibujo era una figura femenina y a su lado una masculina, más pequeña. Recuerdo claramente que cuando mi mamá y mi hermano mayor, Raúl, lo vieron me dijeron: "oye tu dibujo está muy bueno, no es el típico de una bolita y palitos que hacen los niños a tu edad, tiene volumen y le pintaste la ropa diferente y todo". Creo que era la primera vez que alguien me decía algo así sobre un trabajo mío. En realidad no sé si ese dibujo era en verdad la gran cosa, pero de lo que estoy seguro es que esas pocas palabras tuvieron un impacto gigantesco en mí. Desde ese día se me metió en la cabeza que podía dibujar y opté por hacerlo constantemente durante todos los inservibles años que tuve que pasar en escuelas y colegios hasta graduarme. Por supuesto, a los profesores eso no les hacía la menor gracia, siempre me decían que deje de dibujar y atienda a clase. Con el tiempo fui aprendiendo una manera de relacionar las estupideces que hablaban los profes con los dibujos que hacía, de esa manera no tenía que estudiar en casa, cuando tenía exámenes recordaba los dibujos y los relacionaba con algún tema y de repente recordaba la respuesta. No siempre funcionó, pero igual nunca pude sentarme a estudiar propiamente como se debía, cada vez que lo hacía terminaba dibujando en el cuaderno o en el libro de estudio. Pasaron los años y, aunque no me convertí en el gran artista con el que mi mamá soñaba, terminé ganándome la vida con varias cosas que se derivaron del diseño y el arte.
Las palabras tienen un impacto y un poder mucho más grande de lo que podemos imaginar. Mucho más cuando se trata de las cosas que les decimos a los niños. Con una palabra podemos dar vida a un genio o destruirlo. No estoy hablando de palabras repetitivas o automáticas como "buen trabajo". Las palabras que importan son esas que son capaces de aportar, de describir, de señalar con objetividad las cosas buenas que se pueden encontrar en todo lo que otra persona crea, inventa, dibuja, escribe, construye. Una palabra así es literalmente como el agua que riega a una semilla, es capaz de hacer que crezca eso que estaba ahí guardado y que florezca impresionantemente.
Recuerdo que cuando fui profe de arte en el Colegio Integral, tuve un alumno que era considerado caso crítico. Le iba mal en todas las materias, no podía sentarse a hacer algo por más de 2 minutos seguidos. Había crecido escuchando tantas veces que no podía hacer las cosas bien, que él mismo se esforzaba por reforzar esa idea actuando peor cada vez. Cuando llegó a mi clase trató de desafiarme y rebelarse contra las actividades que yo le planteaba. Tomaba su cartulina, agarraba uno o dos colores en la mano, hacía garabatos circulares durante 30 segundos y decía: profe, ya terminé! Al principio yo no sabía cómo lidiar con eso y, como tenía que ocuparme de otros 23 niños, no le podía dar el tiempo para lograr algo distinto. Hasta que llegó el día en el que llevamos a todos los niños de tercero, cuarto y quinto grado a una exposición de la obra de Guayasamín. Mi alumno problema se impresionó con eso y cuando volvimos a la escuela, les pedí que cada quien recreara a su manera lo que le impactó de la obra. Él tomó la cartulina y plasmó con fuerza algunas manchas verticales, entre las que se empezaron a divisar formas expresionistas de una cara que sufría. Yo estaba tan contento que le dije que era increíble lo que estaba haciendo, que no podía creer que haya logrado algo así, su trazo era definido y expresivo, los colores eran fuertes y contrastantes, por fin logró encontrar eso que tenía adentro. Desde ese día mi alumno fue de los más dedicados de la clase, pintaba con tanta velocidad y fuerza que a veces me entragaba 4 o 5 trabajos en una hora, todos fantásticos. Lo más interesante es que todo esto le había elevado tanto la autoestima que empezó a mejorar significativamente en todas las otras materias, tanto, que las profesoras en ocasiones me decían "qué hiciste con este niño? ahora es otro". Y la verdad no hice mucho, solo supe decir lo que sentí y observé en un momento preciso y lo hice con cariño y objetividad.
Podría seguir contando otras experiencias similares con mis alumnos de arte, cada uno de ellos fue un mundo para mí, porque al ver cómo se iban encontrando ellos mismos en su obra y poder hablarles de eso, ví talentos que quizá nadie había visto antes. Lo que aprendí, sin haber leído ninguna teoría o estudio sobre el tema, es que todos necesitamos que nos digan palabras claras y objetivas de admiración, de observación positiva de lo que hacemos. Todos necesitamos que alguien en algún punto nos diga "wow!!!! no puedo creer que lograste hacer algo tan bacán!!!" y lo digo así wow!!! porque en esto no todas las palabras son del mismo nivel. Cuando te dicen cosas como "si, está bien tu trabajo" o "tu canción suena bien, es medio pegajosa, me recuerda a los ochenta", o "si, está chévere", lo que hacen es como soplarte un pequeño viento, o un ligero rocío sobre la planta, al menos no te destruye, pero no logra hacer mucho tampoco. Cuando te dicen wow!!! en cambio es como un sacudón, es como una chispa que prende la olla de canguil, enseguida los maicitos empiezan a explotar y ponerse blancos, son ya otra cosa.
Decir wow!!! además significa llevar las cosas más allá, si es que tu hijo hizo un dibujo y le dijiste wow!! significa salir a comprarle unos pasteles nuevos, o un set de plastilina si eso es lo suyo. Significa valorar lo que hizo, tomarle una foto, un video, mostrarle al otro. Decir solo "ah, qué bien te salió" y luego seguir con lo de uno, es como no darle suficiente importancia. Tampoco estoy diciendo que vas a decir wow!! a cada cosa que hace tu hijo o amigo, eso terminaría sonando falso y ya no te creería. Lo que digo es que debes estar preparado, con la mente abierta y todos los sentidos afilados para dejarte impresionar por un momento de creatividad, de inspiración, de logro, que puedas encontrar en alguien que te rodea. No digo que hay que exagerar y decir wow!! asi porque sí, pero si alguien viene y te muestra algo que hizo, que creó, que jugó, que compuso, de ley tiene que haber un elemento, una sensación, algo que una mente abierta puede percibir como wow!! increíble, siempre hay, solo hay que despojarse de todo ego y dejar entrar la posibilidad de que por ahí se dió una nota, una pincelada, una chispa genial.
Todos necesitamos sentir el aprecio y admiración por el trabajo que hacemos, eso catapulta, potencia, dispara las cosas que tenemos dentro, nos lleva a darle una nueva importancia, una nueva dimensión. Más que eso, probablemente ese momento puede ser la epifanía que nos muestra cuál es nuestro elemento, nuestra pasión, eso que amamos hacer y para lo que somos buenos. Estoy seguro que en la historia de cada gran artista, cada gran inventor/a o creador/a, hubo alguien que en algún momento le dijo que lo que hace es increíble. Por supuesto que hay excepciones, personas que tuvieron un talento tan grande que se desbordaba y no importaba si alguien lo apreciaba o no, se me viene a la mente Van Gogh, en su tiempo nadie lo apreciaba, solo su hermano, y él le hizo creer que vendía sus obras cuando la realidad era que solo él las compraba, quizá eso le motivó a seguir pintando.
Me he puesto a analizar a la gente para tratar de descubrir por qué para muchos resulta tan difícil expresar palabras de admiración por los demás. Alguna vez escuché a alguien que decía que no vale la pena ensalzar mucho esas virtudes porque después la persona se hace sobrada. Mucha gente piensa que decirle las cosas a otro de lo bien que hace le puede hacer egocéntrico y arrogante. La realidad es que es todo lo contrario, porque la gente que peca de arrogancia lo hace justamente porque en el fondo se valora poco y tiene una autoestima muy baja. Ahora, es distinto cuando a un niño u otra persona se le elogia solamente por lo bonita que es o el lindo cuerpo que tiene, pues se refuerza solamente una autoestima falsa, basada en lo físico, eso no funciona. Las palabras elogiosas que construyen son las que hablan de las obras, de las creaciones, de las cosas que los demás hacen, no cómo se ven o cómo se visten.
Creo además que la gente que no es capaz de expresar su admiración por otros en cosas así, es porque sufren de autoestima muy baja, inconscientemente tienen la idea de que si le dicen algo bueno al otro, de alguna forma están admitiendo que son menos, que valen menos que su compañero. Las personas más seguras de sí mismas son las que tienen más facilidad para decir palabras que construyen a sus hijos, cónyuges, hermanos, primos, amigos, compañeros de trabajo. A nadie se le cae la boca por decir cosas buenas.
Por el contrario, todo comentario negativo que, aunque pueda ser dicho en el contexto de un chiste o una joda, carcome, erosiona, daña poco a poco a las personas y con mucha más fuerza a un niño. Los calificativos, las jodas, los sobrenombres, las palabras que dan a entender cosas así medio disfrazadas, pueden tener un impacto terriblemente destructivo.
Todos los que me conocen saben lo malo que soy para el fútbol, siempre lo fui, creo, o nunca tuve la oportunidad de creer que puedo ser medio bueno en eso. Lo que sí recuerdo es que las veces que he jugado, he sentido la reacción automática a las palabras de quienes jugaban conmigo. Alguna vez por casualidad logré hacer una buena jugada y alguien me dijo, "buena Xavo" y enseguida sentí la seguridad para seguir haciéndolo bien, todavía me pasa. Pero siempre llegó el momento del error, la jalada, la pelota afuera, cuando alguien gritó "mierda, no hagas huevadas" o "juegas peor que mi hermana", y 5 minutos después, sales a la banca "un ratito" y hasta ahí llegó tu diversión futbolística. En ese momento uno pierde toda la seguridad y automáticamente empieza a hacer todo mal, es una cadena, una bola de nieve. Y creo que eso puede pasar en muchas cosas de la vida. Para que un niño crezca sintiéndose valorado y pueda desarrollar su autoestima, es vital que los padres sepamos expresar nuestra admiración clara y objetiva por las cosas que hacen, no hay de otra. También existe esa idea rara que tienen algunas personas de que cuando se le dice algo negativo a alguien se le motiva a que demuestre lo contrario. Así como "no sirves para el arte", y el otro de las iras se proponga demostrar lo contrario y se saque el aire hasta lograr ser el mejor. Eso lo que hace a la larga es meter en un esquema competitivo las razones por las que el niño o el adolescente hace algo. No sirve que lo haga para darle en la boca a uno, sirve que lo haga porque AMA hacer eso, porque ese es su llamado, su pasión, porque eso lo define.
Las cosas que hacemos con pasión nos definen, nos dan identidad, nos ayudan a encontrar quiénes somos en la vida y para qué demonios estamos en este mundo. Cuando mostramos a la gente esa admiración por lo que hacen estamos alimentando esa pasión, de verdad lo necesitan, lo necesitamos, o será que alguien me puede decir que no le gusta cuando le dicen "wow!!!! tu trabajo está increíble"?, creo que hasta el más sabio, profesional o maestro en algo se siente bien de ser reconocido. Y ojo!!! no estoy hablando de premios!!! estoy hablando de palabras que vienen de las personas que amamos, que respetamos, que admiramos, con las que convivimos, a mí de qué carajos me podría servir ganarme un Grammy si mis hijos no sintieran orgullo y admiración por su padre?
Una sola palabra puede llegar a hacer toda la diferencia del mundo, puede ser la chispa que encienda la llama de un talento por toda una vida. Aunque a veces a uno le toca buscar esa palabra dentro de uno mismo. Cuando yo descubrí a los 14 años que la música era lo que realmente me apasionaba, empecé una lucha contra mí mismo y contra el mundo por demostrar que podía hacerlo. Me costó mucho, nunca me consideré alguien con un gran talento innato, no tuve a nadie que me hubiera dicho un wow!!! en el momento preciso, pero seguí pese a todo. Tal vez ese wow!! a tiempo hubiera cambiado las cosas, quién sabe, imposible descubrirlo, pero lo que me tocó a la final es autoconvencerme que podía llegar a ser bueno en algo que me obsesionaba. Trabajé mucho para eso, lo he hecho toda la vida, me tomó demasiado tiempo darme cuenta, asumir, convencerme de verdad, en lo más profundo, que mi talento musical puede dar algo importante al mundo. Ahora lo creo, contra todo pronóstico. Quién sabe si algún día lograré cumplir todos esos sueños, pero lo que sí sé es que este largo camino me enseñó que lo más importante es aprender a ser capaz de inspirar a otros, de decir esa palabra precisa en el momento indicado, en no guardarme un solo wow!!! y tener la capacidad de maravillarme con las cosas que hacen las personas que conozco.
Por eso, la próxima vez que sus hijos, alumnos, amigos, primos, hermanos, compañeros, les muestren algo que hicieron, tomen la sublime agua de una palabra precisa y riéguenla sobre ese talento, no se imaginan lo que puede llegar a florecer.
Las palabras tienen un impacto y un poder mucho más grande de lo que podemos imaginar. Mucho más cuando se trata de las cosas que les decimos a los niños. Con una palabra podemos dar vida a un genio o destruirlo. No estoy hablando de palabras repetitivas o automáticas como "buen trabajo". Las palabras que importan son esas que son capaces de aportar, de describir, de señalar con objetividad las cosas buenas que se pueden encontrar en todo lo que otra persona crea, inventa, dibuja, escribe, construye. Una palabra así es literalmente como el agua que riega a una semilla, es capaz de hacer que crezca eso que estaba ahí guardado y que florezca impresionantemente.
Recuerdo que cuando fui profe de arte en el Colegio Integral, tuve un alumno que era considerado caso crítico. Le iba mal en todas las materias, no podía sentarse a hacer algo por más de 2 minutos seguidos. Había crecido escuchando tantas veces que no podía hacer las cosas bien, que él mismo se esforzaba por reforzar esa idea actuando peor cada vez. Cuando llegó a mi clase trató de desafiarme y rebelarse contra las actividades que yo le planteaba. Tomaba su cartulina, agarraba uno o dos colores en la mano, hacía garabatos circulares durante 30 segundos y decía: profe, ya terminé! Al principio yo no sabía cómo lidiar con eso y, como tenía que ocuparme de otros 23 niños, no le podía dar el tiempo para lograr algo distinto. Hasta que llegó el día en el que llevamos a todos los niños de tercero, cuarto y quinto grado a una exposición de la obra de Guayasamín. Mi alumno problema se impresionó con eso y cuando volvimos a la escuela, les pedí que cada quien recreara a su manera lo que le impactó de la obra. Él tomó la cartulina y plasmó con fuerza algunas manchas verticales, entre las que se empezaron a divisar formas expresionistas de una cara que sufría. Yo estaba tan contento que le dije que era increíble lo que estaba haciendo, que no podía creer que haya logrado algo así, su trazo era definido y expresivo, los colores eran fuertes y contrastantes, por fin logró encontrar eso que tenía adentro. Desde ese día mi alumno fue de los más dedicados de la clase, pintaba con tanta velocidad y fuerza que a veces me entragaba 4 o 5 trabajos en una hora, todos fantásticos. Lo más interesante es que todo esto le había elevado tanto la autoestima que empezó a mejorar significativamente en todas las otras materias, tanto, que las profesoras en ocasiones me decían "qué hiciste con este niño? ahora es otro". Y la verdad no hice mucho, solo supe decir lo que sentí y observé en un momento preciso y lo hice con cariño y objetividad.
Podría seguir contando otras experiencias similares con mis alumnos de arte, cada uno de ellos fue un mundo para mí, porque al ver cómo se iban encontrando ellos mismos en su obra y poder hablarles de eso, ví talentos que quizá nadie había visto antes. Lo que aprendí, sin haber leído ninguna teoría o estudio sobre el tema, es que todos necesitamos que nos digan palabras claras y objetivas de admiración, de observación positiva de lo que hacemos. Todos necesitamos que alguien en algún punto nos diga "wow!!!! no puedo creer que lograste hacer algo tan bacán!!!" y lo digo así wow!!! porque en esto no todas las palabras son del mismo nivel. Cuando te dicen cosas como "si, está bien tu trabajo" o "tu canción suena bien, es medio pegajosa, me recuerda a los ochenta", o "si, está chévere", lo que hacen es como soplarte un pequeño viento, o un ligero rocío sobre la planta, al menos no te destruye, pero no logra hacer mucho tampoco. Cuando te dicen wow!!! en cambio es como un sacudón, es como una chispa que prende la olla de canguil, enseguida los maicitos empiezan a explotar y ponerse blancos, son ya otra cosa.
Decir wow!!! además significa llevar las cosas más allá, si es que tu hijo hizo un dibujo y le dijiste wow!! significa salir a comprarle unos pasteles nuevos, o un set de plastilina si eso es lo suyo. Significa valorar lo que hizo, tomarle una foto, un video, mostrarle al otro. Decir solo "ah, qué bien te salió" y luego seguir con lo de uno, es como no darle suficiente importancia. Tampoco estoy diciendo que vas a decir wow!! a cada cosa que hace tu hijo o amigo, eso terminaría sonando falso y ya no te creería. Lo que digo es que debes estar preparado, con la mente abierta y todos los sentidos afilados para dejarte impresionar por un momento de creatividad, de inspiración, de logro, que puedas encontrar en alguien que te rodea. No digo que hay que exagerar y decir wow!! asi porque sí, pero si alguien viene y te muestra algo que hizo, que creó, que jugó, que compuso, de ley tiene que haber un elemento, una sensación, algo que una mente abierta puede percibir como wow!! increíble, siempre hay, solo hay que despojarse de todo ego y dejar entrar la posibilidad de que por ahí se dió una nota, una pincelada, una chispa genial.
Todos necesitamos sentir el aprecio y admiración por el trabajo que hacemos, eso catapulta, potencia, dispara las cosas que tenemos dentro, nos lleva a darle una nueva importancia, una nueva dimensión. Más que eso, probablemente ese momento puede ser la epifanía que nos muestra cuál es nuestro elemento, nuestra pasión, eso que amamos hacer y para lo que somos buenos. Estoy seguro que en la historia de cada gran artista, cada gran inventor/a o creador/a, hubo alguien que en algún momento le dijo que lo que hace es increíble. Por supuesto que hay excepciones, personas que tuvieron un talento tan grande que se desbordaba y no importaba si alguien lo apreciaba o no, se me viene a la mente Van Gogh, en su tiempo nadie lo apreciaba, solo su hermano, y él le hizo creer que vendía sus obras cuando la realidad era que solo él las compraba, quizá eso le motivó a seguir pintando.
Me he puesto a analizar a la gente para tratar de descubrir por qué para muchos resulta tan difícil expresar palabras de admiración por los demás. Alguna vez escuché a alguien que decía que no vale la pena ensalzar mucho esas virtudes porque después la persona se hace sobrada. Mucha gente piensa que decirle las cosas a otro de lo bien que hace le puede hacer egocéntrico y arrogante. La realidad es que es todo lo contrario, porque la gente que peca de arrogancia lo hace justamente porque en el fondo se valora poco y tiene una autoestima muy baja. Ahora, es distinto cuando a un niño u otra persona se le elogia solamente por lo bonita que es o el lindo cuerpo que tiene, pues se refuerza solamente una autoestima falsa, basada en lo físico, eso no funciona. Las palabras elogiosas que construyen son las que hablan de las obras, de las creaciones, de las cosas que los demás hacen, no cómo se ven o cómo se visten.
Creo además que la gente que no es capaz de expresar su admiración por otros en cosas así, es porque sufren de autoestima muy baja, inconscientemente tienen la idea de que si le dicen algo bueno al otro, de alguna forma están admitiendo que son menos, que valen menos que su compañero. Las personas más seguras de sí mismas son las que tienen más facilidad para decir palabras que construyen a sus hijos, cónyuges, hermanos, primos, amigos, compañeros de trabajo. A nadie se le cae la boca por decir cosas buenas.
Por el contrario, todo comentario negativo que, aunque pueda ser dicho en el contexto de un chiste o una joda, carcome, erosiona, daña poco a poco a las personas y con mucha más fuerza a un niño. Los calificativos, las jodas, los sobrenombres, las palabras que dan a entender cosas así medio disfrazadas, pueden tener un impacto terriblemente destructivo.
Todos los que me conocen saben lo malo que soy para el fútbol, siempre lo fui, creo, o nunca tuve la oportunidad de creer que puedo ser medio bueno en eso. Lo que sí recuerdo es que las veces que he jugado, he sentido la reacción automática a las palabras de quienes jugaban conmigo. Alguna vez por casualidad logré hacer una buena jugada y alguien me dijo, "buena Xavo" y enseguida sentí la seguridad para seguir haciéndolo bien, todavía me pasa. Pero siempre llegó el momento del error, la jalada, la pelota afuera, cuando alguien gritó "mierda, no hagas huevadas" o "juegas peor que mi hermana", y 5 minutos después, sales a la banca "un ratito" y hasta ahí llegó tu diversión futbolística. En ese momento uno pierde toda la seguridad y automáticamente empieza a hacer todo mal, es una cadena, una bola de nieve. Y creo que eso puede pasar en muchas cosas de la vida. Para que un niño crezca sintiéndose valorado y pueda desarrollar su autoestima, es vital que los padres sepamos expresar nuestra admiración clara y objetiva por las cosas que hacen, no hay de otra. También existe esa idea rara que tienen algunas personas de que cuando se le dice algo negativo a alguien se le motiva a que demuestre lo contrario. Así como "no sirves para el arte", y el otro de las iras se proponga demostrar lo contrario y se saque el aire hasta lograr ser el mejor. Eso lo que hace a la larga es meter en un esquema competitivo las razones por las que el niño o el adolescente hace algo. No sirve que lo haga para darle en la boca a uno, sirve que lo haga porque AMA hacer eso, porque ese es su llamado, su pasión, porque eso lo define.
Las cosas que hacemos con pasión nos definen, nos dan identidad, nos ayudan a encontrar quiénes somos en la vida y para qué demonios estamos en este mundo. Cuando mostramos a la gente esa admiración por lo que hacen estamos alimentando esa pasión, de verdad lo necesitan, lo necesitamos, o será que alguien me puede decir que no le gusta cuando le dicen "wow!!!! tu trabajo está increíble"?, creo que hasta el más sabio, profesional o maestro en algo se siente bien de ser reconocido. Y ojo!!! no estoy hablando de premios!!! estoy hablando de palabras que vienen de las personas que amamos, que respetamos, que admiramos, con las que convivimos, a mí de qué carajos me podría servir ganarme un Grammy si mis hijos no sintieran orgullo y admiración por su padre?
Una sola palabra puede llegar a hacer toda la diferencia del mundo, puede ser la chispa que encienda la llama de un talento por toda una vida. Aunque a veces a uno le toca buscar esa palabra dentro de uno mismo. Cuando yo descubrí a los 14 años que la música era lo que realmente me apasionaba, empecé una lucha contra mí mismo y contra el mundo por demostrar que podía hacerlo. Me costó mucho, nunca me consideré alguien con un gran talento innato, no tuve a nadie que me hubiera dicho un wow!!! en el momento preciso, pero seguí pese a todo. Tal vez ese wow!! a tiempo hubiera cambiado las cosas, quién sabe, imposible descubrirlo, pero lo que me tocó a la final es autoconvencerme que podía llegar a ser bueno en algo que me obsesionaba. Trabajé mucho para eso, lo he hecho toda la vida, me tomó demasiado tiempo darme cuenta, asumir, convencerme de verdad, en lo más profundo, que mi talento musical puede dar algo importante al mundo. Ahora lo creo, contra todo pronóstico. Quién sabe si algún día lograré cumplir todos esos sueños, pero lo que sí sé es que este largo camino me enseñó que lo más importante es aprender a ser capaz de inspirar a otros, de decir esa palabra precisa en el momento indicado, en no guardarme un solo wow!!! y tener la capacidad de maravillarme con las cosas que hacen las personas que conozco.
Por eso, la próxima vez que sus hijos, alumnos, amigos, primos, hermanos, compañeros, les muestren algo que hicieron, tomen la sublime agua de una palabra precisa y riéguenla sobre ese talento, no se imaginan lo que puede llegar a florecer.